Imposible leer el nombre del director Jim Sheridan sin evocar grandes filmes como "Mi pie izquierdo" o "En el nombre del padre". El talentoso realizador irlandés se vuelca en esta oportunidad al desarrollo de una historia de suspenso e intriga que, en sus comienzos, parece una más de esas películas en las que una aparentemente inofensiva casa de los suburbios se convierte en una amenaza para sus nuevos inquilinos.
En esta oportunidad, Sheridan se vuelca totalmente a la ficción y desarrolla un argumento escrito por David Loucka: un editor de novelas decide renunciar a su trabajo para poderle dedicar más tiempo a su joven esposa y a sus dos pequeñas hijas, en la hermosa casa a la que acaban de mudarse en un apacible vecindario. Sin embargo, algunos extraños acontecimientos que comienzan a tener lugar detrás de esas paredes alertan al hombre. Poco a poco va enterándose de que allí se cometieron crímenes horrendos: un padre desquiciado asesinó brutalmente a su esposa y a sus dos pequeñas, pero no fue condenado a prisión sino que fue recluido en una institución para enfermos mentales. Las averiguaciones que hace el protagonista (hay una vecina que parece saber más de lo que está dispuesta a decir) lo conducen a una revelación espantosa. Es allí donde la película de Sheridan abandona el tono del thriller de terror para internarse en los detalles de una historia con ribetes psicológicos y (no tan) sorpresivas vueltas de tuerca.
El realizador irlandés eligió un elenco de primeras figuras para apuntalar su filme: Rachel Weisz, Daniel Craig y Naomi Watts juegan los roles centrales del filme.